El pasado 26 de mayo regresé a la Facultad de Derecho de American University Washington College of Law para impartir una nueva edición del curso sobre Dispute Boards, desarrollado conjuntamente por la universidad y la Dispute Resolution Board Foundation (DRBF).
Cada año esta experiencia me deja con una enorme dosis de optimismo.
La mayoría de los participantes provienen de América Latina, especialmente de Perú, Costa Rica y México. Muchos son funcionarios públicos, ingenieros, abogados y profesionales de infraestructura que ya trabajan o buscan involucrarse en proyectos donde los Dispute Boards están ganando cada vez más relevancia.
Lo que más me impresiona es el nivel de compromiso de estos estudiantes. Muchos financian personalmente su participación en el programa. No vienen porque sea un requisito. Vienen porque quieren aprender, crecer profesionalmente y regresar a sus países con herramientas que les permitan ejecutar mejores proyectos y resolver conflictos de manera más eficiente.
Durante el curso analizamos cómo distintas jurisdicciones latinoamericanas han adoptado los Dispute Boards. Perú ocupa un lugar destacado en estas conversaciones, ya que ha incorporado este mecanismo dentro de su marco normativo para proyectos públicos. También discutimos experiencias en otros países de la región, algunas muy exitosas y otras que evidencian los riesgos de apartarse de las mejores prácticas internacionales.
Uno de los aspectos más enriquecedores es escuchar las perspectivas de profesionales que enfrentan desafíos reales en sus países. Las conversaciones van mucho más allá de la teoría. Hablamos de proyectos, instituciones, contratación pública y de cómo evitar que los conflictos paralicen obras que son fundamentales para el desarrollo de nuestras comunidades.
También tuve la fortuna de contar con la visita de Adrián Bastianelli, una de las figuras más respetadas del derecho de la construcción y de los métodos alternativos de resolución de disputas en Estados Unidos. Sus reflexiones sobre la importancia de proteger los proyectos, más allá de simplemente resolver disputas, fueron una lección invaluable para todos los presentes.
Para mí, enseñar este curso tiene un significado muy especial. Son pocas las oportunidades de impartir estos temas en español a una audiencia latinoamericana tan comprometida y con tantas ganas de generar cambios positivos en sus regiones.
Salí del Perú a los 18 años y he tenido la fortuna de desarrollar una carrera internacional que me ha permitido aprender de grandes profesionales y participar en proyectos extraordinarios. Poder compartir hoy esas experiencias con quienes aplicarán estos conocimientos en América Latina es una de las formas más gratificantes que he encontrado de devolver algo de todo lo que he recibido.
Es, sencillamente, mi manera de aportar un granito de arena.